Mi perfil

Según mi DNI, nací en octubre de 1971 bajo el puente del río Rímac. Río muy hablador, por cierto, pero bastante sucio, que merodea por la ciudad de Lima (Perú) como pidiendo limosna. Después no hay mayor detalle con importancia, excepto, quizá que mi primer año de escuela lo hice en el Cusco. Mi colegio quedaba cerca de Sacsayhuamán a donde a veces fugábamos algunos para jugar en los toboganes de piedra. De esa ciudad regresamos a Lima, y vino con nosotros mi último hermano, un escritor casi nato al que admiro bastante.

En Lima de nuevo, acabé el colegio y estudié Ingeniería Industrial en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Nada hay de interesante en ello, salvo el hecho de que por entonces ya empezaba a escribir y a dibujar ocasionalmente. Por aquellos tiempos, casi al terminar mi carrera, empecé a ganar algunos premios tanto en cuento como en comics. Años después, ya trabajando como ingeniero, decidí abandonar mi trabajo y mi carrera, para dedicarme a lo que quería. En breve, estudié un Magister en Literatura Hispanoamericana en la misma universidad. Ahí, con un poco más de base literaria conseguí ganar unos cuantos concursos en la categoría de ensayo literario. Por entonces, claro, publiqué mi primer libro: Hasta la próxima semana (Lima, 2001). Tres años después, publiqué las quince biografías noveladas que componen la Colección Héroes y Personajes (Lima, 2004). Ese mismo año, viajé a España y desde entonces vivo en Madrid.

Aquí, hace unos meses he quedado finalista del V Premio Iberoamericano Cortes de Cádiz.  El jurado, durante el fallo, acordó por unanimidad proponer la publicación de mi libro de relatos 5:37 valorando “la renovación de ciertos arquetipos de la literatura latinoamericana a través de un ciclo de cuentos con aire novelesco que construye un espacio suburbial con una galería de personajes sugerentes”. Así que en noviembre de 2008 mi pequeña obra salió a la luz con el sello de Algaida Editores.

En la actualidad trabajo como editor aquí en España y sigo escribiendo siempre que puedo. Y, aunque el río Manzanares no habla tanto como el Rímac, siempre lo escucho atentamente.