Árboles
Mi abuelo siempre me esperaba sentado en la terraza con una sonrisa de recuerdos.
A juzgar por su apariencia, cualquiera habría pensado que era un hombre tranquilo, sin ninguna rebeldía, pero cuando crecí descubrí algo de viento en sus gestos. De eso jamás me habló papá. Y cuando insistía en preguntar, él permanecía mudo, con los ojos en el abuelo, mientras rostro se contraía como un horizonte lleno de caminos.