Legado
Desde el primer día que se casaron le inculcó cómo debía comportarse una viuda. Le dio instrucciones precisas para administrar su legado y de cómo tendría que preservar su memoria siendo estricta con las publicaciones de sus libros. Le enseñó también de qué forma debería guardar los borradores originales y hasta cuánto podría negociar por los aún inéditos. Le remarcó, eso sí, que estos últimos debería sacarlos a la luz, poco a poco, como si a ella misma le hubiese costado años de investigación entre miles de decrépitos folios amarillos. A una semana de terminar con las lecciones, se divorciaron, pero él no se dio por vencido. Antes de sentarse a escribir la primera de sus insignes novelas y marcar así el inicio de su magna obra, salió otra vez en búsqueda de aquella noble mujer que le permitiese sellar su destino.