Agua
Ella ríe. Él no.
El agua cae tibia, suave. Él le pasa la mano por su pecho terso, su espalda dulce. Los dedos bajan, tensos, restregándose entre las nalgas. Pronto, el dedo índice encuentra su objetivo, pero no entra, solo merodea despacio. Eyacula. Ella se estremece por la presión allí abajo y voltea sorprendida.
—¿Caca, papá?
—No, cariño… —le acaricia el cabello—. Tranquila. Ya falta poco. Vas a quedar muy limpita.
El agua cae tibia.
Ella ríe. El no.